¡Es
esta la lógica social la que es criminal!
La mañana del 6 de febrero Werner Braeuner, parado que habita en Verden, en la
región de Bremen (Alemania), mató al Sr. Klaus Herzberg, responsable del
Arbeitsamt (equivalente alemán al INEM, oficina de empleo) local, que había
suprimido sus prestaciones, su único medio de subsistencia. Después, se fue a
entregar a la policía.
¿Quién
es Werner Braeuner?
Werner es ingeniero, y desde hace ocho años está en paro. Militaba por
la reducción del tiempo de trabajo, por una renta garantizada, por una sociedad
de individuos libres, no embrutecidos por el trabajo. Frecuentemente, traducía
textos franceses para las asociaciones alemanas de parados. Era conocido en
Francia, en el medio militante contra el paro por sus intervenciones en la lista
AC Forum, por su sentido del humor, su ironía y su bondad, por el sentimiento
de rebeldía que lo animaba y su francés rico en metáforas. Nunca hizo nada
por caer simpático a la izquierda gubernamental. Sus posiciones, sus críticas
a los tratos de los Verdes alemanes con el lobby petrolero y el productivismo
socialdemócrata, explican el silencio que rodea su caso. Sus ideas eran
discutibles, y a menudo discutidas en el movimiento de parados, pero empujaban a
la reflexión y a nadie dejaban indiferente.
La prensa ha informado del asunto adoptando de golpe la hipótesis de la premeditación. El diario local y el Bild (estandarte de la prensa basura alemana), sobre todo, muy contentos de tener un asunto de alguien a quienes podían presentar como un extremista, un símbolo del combate anticapitalista, se han apresurado a atribuirle la intención de impedir la conferencia de prensa sobre las cifras de paro que debía celebrarse aquel mismo día en la oficina local de Arbeitsamt. ¡Así, el fiscal no tendrá más que seguir esta vía trazada para llevar a cabo su acusación! Muchos de los detalles aportados son completamente fantásticos, sobre todo, el pretendido vínculo de amistad que ligaba a Werner con el propietario de la habitación que tenía alquilada en una vieja granja, que opinaba que Werner pasaba demasiado tiempo delante de su ordenador - a lo que añadimos: discutiendo con sus amigos en todas partes de Europa - pero que no buscaba trabajo. Evidentemente, esos periódicos evitan cuidadosamente informar a sus lectores de la existencia de 76.000 ingenieros parados en Alemania, la mayor parte de la misma generación que Werner, y de explicarles por qué razón deberían consagrar lo esencial de su vida a la búsqueda desesperada y desesperante de un trabajo inexistente.
El
contexto, las razones
Werner ha vivido estos últimos años en una situación particularmente dura, que lo ha minado. Las dificultades materiales, la falta de espacio en su antiguo apartamento y las tensiones que se acumulaban lo han obligado a una separación forzosa de su compañera. Unos meses antes del nacimiento de su hija, tuvo que buscar una habitación en un pueblo vecino. En julio del año pasado, solicitó un curso de formación, que se le concedió. Cinco meses después, a finales de noviembre, desmoralizado por el hecho de pasar la mitad del tiempo sin hacer nada, decidió dejarlo después de escribir - y hacer públicas - dos cartas en las que explicaba las razones al Sr. Herzberg, de una decisión de la cual dependía el mantenimiento de sus prestaciones de parado. Pero el Sr. Herzberg obedecía a consignas, y parecía bien convencido de ellas, ya que no tuvo en cuenta los argumentos de Werner y decide darle de baja cuando vino a su entrevista a la oficina del Arbeitsamt. Sumido en una situación psicológica que se agrava, sufriendo fuertes dolores de espalda, abrumado por los embrollos administrativos, Werner es además amenazado de ser dado de baja a mediados de enero. A comienzo de febrero, recibe la notificación de la privación de sus prestaciones de paro. Como muchos parados en parecidas circunstancias, se ve tentado por la idea del suicidio. Pero reacciona, y el 6 de febrero va a buscar al Sr. Herzberg, el hombre que, en su vida concreta, encarna este sistema inhumano. Es entonces cuando, sumido en el sentimiento de la injusticia sufrida, incapaz de controlarse, le golpea hasta matarle. Se ha rebelado contra una maquinaria, pero ha matado a un hombre. Aún bajo el shock de su acto, se entrega a la policía, y después hace su declaración ante el juez. Ingresa en prisión y, durante dos meses y medio, comparte una celda de 7,5 m2 con otro detenido. Poco a poco va tomando conciencia, horrorizado, del desastre que ha provocado: la muerte de un hombre, el dolor de la familia Herzberg y de la suya, la desgracia que se precipita sobre su mujer y su hija.
Por qué hay que defenderle
La historia de Werner es parecida a muchas historias de parados de larga duración.
Con la pérdida del trabajo, son las condiciones materiales de vida las que se
deterioran, el recurso a soluciones provisionales se impone y se prolonga, las
relaciones íntimas se tensan y se deshacen.La sociedad te rechaza, has de
resistir como puedas al sentimiento de decadencia e inutilidad -Werner había
escogido la acción militante y la reflexión colectiva para hacerle frente,
opción que muchos parados franceses comprenden muy bien. Pero actualmente, los
gobiernos de varios países de Europa pretenden para colmo responsabilizarte de
tu propia situación de parado, imponiendo soluciones de "salida" al
paro que a menudo son peores que las condiciones de superviviencia con las
cuales, mal que bien, te has podido montar un mínimo equilibrio: trabajos muy
precarios y muy mal pagados que, a veces, os permiten un realojamiento decente y
rehacer la vida, programas de formación que sirven más o menos para aparcar a
la gente y que te hunden en el sentimiento del sin-sentido y de la inutilidad,
sin garantizarte nada .Es esa la lógica que se impone en nombre de la
"lucha contra el paro" en Francia, a través de medidas para dar de
baja en masa a los parados o como el PARE, la misma que se impone en Alemania,
donde el gobierno no tiene otra cosa
que proponer, para arreglar el problema del paro como si estuviera en periodo
electoral, que aumentar el control y la represión sobre los parados, sin que en
el fondo resuelva nada. ¿Cómo extrañarse que en este contexto, y ausente una
perspectiva capaz de ofrecer una salida a la rebeldía por medio de la acción
colectiva, que a los individuos se les "fundan los plomos" y ataquen a
quienes son los agentes más inmediatos de esa política? En los Estados Unidos,
la multiplicación de este tipo de gestos es tal que comienza a convertirse en
un fenómeno social. ¿Se va extender a los países de Europa que escogen la vía
de enmascarar los problemas, donde se da una polarización social creciente
que aumenta la presión sobre los más pobres, empujándoles a la exasperación
y la desesperación? La violencia de este acto puede provocar rechazo, pero es
una reacción directa a la violencia sufrida y al sentimiento de impotencia.
Werner es el termómetro de una tensión que aumenta. Desgraciadamente, la
justicia hace todo lo que puede para evitar que la dimensión social de este
acto pase al primer plano. A nosotros nos corresponde obrar de manera que no se
pueda tratar como un simple caso judicial un acto de este tipo, y mostrar que es
la lógica social la que empuja a la gente como Werner a la desesperación
criminal.
Werner ya ha pagado durante los ocho largos años de paro y de marginación que han precedido su gesto. Sería, pues, injusto que se ejerza contra él una forma de "venganza" que, por lo demás, no volverá la vida al Sr. Herzberg. El gesto de Werner nos interpela a todos - parados, asalariados, explotados, y a todos para quienes la existencia en una sociedad rica de la miseria vinculada al paro es y continuará siendo un escándalo. ¡No lo dejemos de lado!
Se
le puede escribir a la dirección:
Werner
Braeuner, JVA MEPPEN,
grÜNFELDSTR. 1, D-49716 MEPPEN.